Suelta de cenizas

cenizas

La mañana de Navidad solté en el mar las cenizas de mamá.

Habían estado en su casa desde los primeros días de enero, cuando la funeraria nos las entregó junto con la factura para pedir el reintegro a PAMI. Ni mi hermano ni yo sabíamos qué hacer con esos restos mortales. Las cenizas de mi viejo, escépticamente, ni siquiera las habíamos retirado del crematorio. Y las de mamá descansaron todo el año en un “cofrecito”, dentro de una bolsa con el logo de un cementerio, sobre la tabla de planchar junto a la heladera.

Después de acompañar a un amigo a enterrar las cenizas de su padre en la cancha de Independiente, y mientras planeaba pasar Nochebuena en la costa, se me ocurrió que el mar, con todas sus metáforas, prestaban una opción idónea, para una nueva despedida, simbólica. Mi hermano rehusó la invitación, pero me confió la tarea.

Antes de arrancar para Gesell agarré la “urna” (una cajita de chapadur), la di vuelta y le dasatornillé el fondo, y una placa de metal plateado (¿aluminio?) grabada toscamente a mano: “x Q-E-P-D x Soledad E. Scarinz (le faltó una “i”) 30-12-2013″. Adentro había una bolsa de plástico negra con cinta scotch en una punta, un paquete de un cuarto kilo. Me llamó la atención la textura: no parecía polvo, como la ceniza de un pucho; se palpaba como conchilla, como arena gruesa.

El 24 a las tres de la tarde estábamos con Alix armando la carpa; y a las cuatro, en el agua. Cuando se fue el sol, prendí el fuego del asadito, y antes de la medianoche, nos instalamos en la playa con un vino listos para ver los fuegos de artificio frente al mar y bajo las estrellas. En Mar de las Pampas el cielo se prendió fuego de colores coreográficos. Fue la primera nochebuena en cuatro o cinco años que no pasé en un sanatorio (o con uno menos en la mesa chica). Envueltos en una colcha, abrazados, nos quedamos dormidos en la arena, y de madrugada volvimos al cámping.

A las nueve, sol y calorcito, encaramos playa, y decidí llevar el cofre con las cenizas. Cuanto antes, mejor, pensé. Y preferible de día, con pocas personas alrededor. Cuando dejamos nuestros pertrechos sobre la arena -una mochila, el cofre, la bolsa de mandados con el equipo de mate-, se nos acercó una perrita negra y simpática, y una libélula de cuerpo azulado: la perrita tenía la lengua afuera. Le ofrecí agua en la mano; se la tomó la libélula, que después se fue.

Momento de arrojar las cenizas al mar. Alix me filmó para mi hermano. Caminé hasta la primera rompiente y vertí el contenido sobre las olas, cerca de la superficie del agua, para que no se lo llevara el viento. Lo sentí liberador.

Volví a la orilla y resolví enterrar la urna –la tapa la tiré al mar como si fuese un frisbi rectangular. Mientras hacía el pozo, la perrita aullaba, me imitaba, cavaba un hoyo. Después encontró una ramita recta, y jugamos a tirársela, que la fuera a buscar, y la trajera de nuevo, una y otra vez. Evidentemente, los animales necesitamos jugar, y nos atraen las reiteraciones con variantes.

Rato después, inflé un globo rojo y lo solté. El viento del norte soplaba paralelo a la orilla, y el globo fue dando saltitos por la arena mojada hasta un grupo de tres niños de menos de un metro. Uno logró agarrarlo. Al rato se le escapó y siguió su viaje hasta un niño siguiente, y así hasta que lo perdimos de vista: sabiendo que hasta su último momento le podía dar a cualquiera una alegría simple, inesperada.

 

4 Responses to Suelta de cenizas

  1. Cuando se fué mi viejo, casi intespestivamente con un fulminante cáncer de higado y de colon, y luego de tres meses de lenta agonía, cumplimos su voluntad: ser enterrado. También fué para estas épocas, un 22 de diciembre, año 2002. Yo tambien, como en cada acto de mi vida, escribí sobre aquello y sus implicancias severas para mi corazón, mi escencia, mi espiritu, mi alma… Pero pocas veces leí una crónica tan emotiva como gráfica de lo que es un duelo. Y sobre todas las cosas, de lo que es la libertad y la vida. Los rituales funerarios son demasiado solemnes y quizas, debieramos pensar en esas personas queridas como han sido en vida y no recordarlas en un lecho agonizantes o en un velatorio. Gracias por compartir este bello texto. Abrazo, Fer. Te quiero y te admiro, compa.

  2. Muchas gracias, compa, por tu comentario emocionante. Espero en algún momento leer algunas de aquellas líneas. Buena vida para vos. Un abrazo grande. Que brindemos de nuevo pronto.

  3. …ho…la casualidad ,es parte del devenir inestable de nuestras historias…
    …pase de largo pero regrese y recomen se …leyendo salteado…hasta que un globo rojo salio de la pantalla y me llevo de viaje….
    …la muerte es como el agua….modifica todo…
    mi Mora ,nuestra Mora salió inesperadamente de viaje …un dia como hoy hace 5 años.Sus jóvenes 28 años de bella artista de l grabado,docente sensible…no alcanzo para retenerla…y se fue por propia decisión…tal ves ese globo rojo tan bien fue acariciado por ella…
    gracias por tu sensible relato.
    juan

  4. Gracias por tus palabras, Juan, un fuerte abrazo.

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