Category Archives: Textos

Ñusléter #2014

ñusléter 2014

Después de un rato, apareció un número nuevo:
Ñusléter #2014 -mensaje anacrónico de literatura
http://www.niusleter.com.ar/ 

Día de la Pachamama

9am. nublado en El Jagüel, pedaleaba por Evita y frené en una parrilla, para orientarme sobre Arenales, que no entraba en mi mapa, y porque escuché al señor decir “ruda y caña”.
Un mostrador ocupaba todo el frente; de uno y otro lado, una ronda de mate. La doña cebaba sentada a una mesa; el parrillero empezaba su ritual del fuego y le convidaba la bebida del 1º de agosto a una chica con campera de Pepsi, y otra señora amiga en la vereda. En un cartel tallado se leía “En la parrilla del Negro manda El Negro”. La chica de Pepsi aceptó el trago y le gustó.
Buen día, ¿están tomando caña con ruda?, me metí. Yo tengo preparada en casa, pero me olvidé de tomar antes de salir. El Negro me invitó una copita. De una botella llena de planta, que venía macerando hacía un mes. Muchas gracias, ¡salud!
¿Le pregunté a la chica si también levantaba pedidos? Pero no, el marido le había mangueado la campera a un repositor o un camionero. Me indicaron cómo llegar a la calle Arenales, del otro lado del arroyo. Muy agradecido, salí pedaleando, con un gustito herboso y dulzón a tierra y contento.

la parrilla del negro

Cruce de vías

Esta semana nos cruzamos con Pablo de Plátanos, el creador de “saca-foto”, en la estación Darío y Maxi (Avellaneda): ocho y pico a.m., él venía en el furgón, de Berazategui rumbo a Constitución; yo esperaba del otro lado del andén el eléctrico a Ezeiza.

Eh, ¿y la foto?, sentí. Me di vuelta y, antes de saber quién era, manotié el toco. A ver si la tengo. “¿Te acordás cuál, no?” Al unísono dijimos: La del perrito. El día de lluvia, agregué. ¿Cómo andás, Pablo?
No la tenía. Le ofrecí mandarle un mensajito, y pasársela por mail. Me dijo que había perdido el celular, pero que ya nos íbamos a cruzar de nuevo. Su tren reanudaba la marcha.
Supongo que a los dos nos quedó la misma buena sensación, y de alguna forma, dentro de nuestras cabezas, los dos vimos la foto compartida.

Acá se puede leer sobre el encuentro anterior del saca-foto con Pablo.

vías - Plátanos

Poemas en la tele por #SonidoCriminal

Acá pueden ver el programa de #SonidoCriminal donde estuve leyendo algunos poemas, entre rocks presidiarios y una película nipona de reas, por la pantalla de www.fusortv.net.

Gracias a Lucio Greco, Ana Laura Montengro y Gala Cacchione por la invitación y la hospitalidad.

Cobertura mundialista de Ghana para Garrincha

Estuve cubriendo la breve participación de Ghana en Brasil 2014 para el Blog mundialista de Garrincha Club Editorial. Acá la presentación y la crónica de los tres partidos.

ghana festeja

1- Elegí Ghana
Nos dicen “estrellas negras”, por la que luce nuestra porrera insignia patria, y porque contamos con varios cracks. Participamos los dos útimos mundiales, y los dos pasamos de ronda. Por un penal contra Uruguay que pegó en el palo en el minuto noventa, y por los dos que erramos después, no entramos en las semifinales de Sudáfrica; y hubiéramos elevado la marca de nuestro continente, donde nos comemos los chicos crudos. Venimos a superarnos…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana/670/

Ghana 1 – EEUU 2
El himno de Ghana fue adoptado en 1957, cuando el país consiguió la Independencia, no sin antes transar con las potencias: el inglés como idioma oficial y seguir en el Commonwealth. A pesar de ser del siglo XX, suena como todos los himnos: a música clásica un poco milica. Nada que ver con ningún ritmo afro. Y para colmo está escrito en inglés bíblico: “Hail to thy name, O Ghana, / To thee we make our solemn vow:”.
La versión traducida de Wikipedia arranca así:
“Dios bendiga a nuestra patria Ghana
¿Y hacer que nuestra nación grande y fuerte,
La letra negrita y de defender para siempre
La causa de la libertad y de Derecho…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana-1-usa-2/876/ 

Ghana 2 – Alemania 2
Nuestro cronista en Avellaneda se colgó y no registró nuestro esfuerzo y buen juego para empatar con los alemanes. Estaba en otra: por el asado que se clavó en Gerli con hinchas del Rojo, y la embriaguez por el gol de Messi, y el pase a octavos de Argentina. Todo bien, pero se perdió un partidazo.
Antes del encuentro el Sr. Appiah nos reunió y nos dijo así: “Mis queridos negros, vinimos a Brasil a buscar gloria, a subir otro escalón como en los últimos mundiales, ¿cierto? Fallamos en el primer desafío. Pero aunque ya nos manden a comprar garotos, nuestras chances siguen intactas. Eso sí: la situación es delicada. Imaginensé que estamos los once, o mejor dicho los veintitrés, toda la delegación, arriba de un árbol, y abajo hay una manada de leones”.
Imagen extraña: 23 negros con ropa deportiva, el Sr. Appiah de traje adusto, los utileros, médicos, representantes, todos trepados a un cedro y abajo, leones. Nos puso a pensar…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana-2-alemania-2/997/

Ghana 1 – Portugal 2
Terminó el Mundial para nosotros. Ni tambores ni jamas, ni árboles, ni el miedo a los leones, ni correr con gracia y tocar de primera ni convertir bellos goles pudieron torcer nuestra endiablada suerte. Dos bloopers nos dejaron afuera: Boyé que la clavó en nuestro arco, y Dauda que le sirvió una bola en los pies a Cristiano (le decía “el mariconcito”, y bien que se quiso llevar su camiseta de recuerdo). Pero como decía el Sr. Appiah, mientras separaba a los que se trenzaron en el reparto de culpas y camisetas: “Los errores no son individuales; fallamos todos. Este desastre es colectivo. Somos veinticuatro negras decepciones. Los leones nos esperan en Accra. Y yo seguro perdí mi trabajo, pero les voy a poner el pecho a todos. Así que no quiero más piñas ni reproches ni puterío con la prensa…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana-1-portugal-2/1109/

Mucha gracias a Hilario González por la invitación.

Poema para Biglia en “Himnos nacionales”

AñosLuz Editora invitó a 25 poetas a escribir poemas sobre los veintitrés convocado por Sabella para Brasil 2014 (y Tévez). Hice el de Lucas Biglia.

Acá pueden leer los 25 poemas:
http://www.aniosluz.com.ar/himnos.html

O acá se los pueden descargar en pdf:
http://aniosluz.com.ar/himnosnacionales.pdf

Función de gala en “Colores del silencio”

foto de Alix de La Barriere(Foto de Alix de la Barriere)

Participamos en la muestra “Colores del silencio” de Josefina Oliver: leyendo, diciendo, armando un collage colectivo y tomando estenopeicas.

josefina-oliver - Colores del silencio

Acá pueden ver más de la muestra de Josefina Oliver, “Colores del silencio”.

Pablo de Plátanos y la formación de palabras

El sábado a la mañana venía pedaleando bajo la lluvia por las callecitas de Plátanos, Berazategui, cuando una voz me grita: “Eh, saca-foto”.

No reconocí a la figura que se acercaba bajo el paraguas, con algo en brazos, pero me detuve. Seguro lo conocía del furgón. Me dijo de reparar bajo el techo de una parada. Era solamente para saludarme, para saber si seguía con la camarita.

La tenía encima. Así que sacamos una foto, bajo la llovizna sin paraguas, con la cachorrita que el flaco llevaba, dentro de un bolso, a lo de un pariente vecino. “¿Y cómo hacemos, si sale? ¿Se la dejás a alguien por acá? ¿O me mandás un mensaje? Yo te di mi número. Pablo de Plátanos”. Ahí me di cuenta.

Una vez venía embalado en bici camino a la estación de Bera, y cruzamos un par de miradas con un tipo parado en una esquina. Supongo que compartimos la sensación extraña que sentí. Me siguió en bondi y me alcanzó en el andén, para pedirme una foto flashera que le había sacado alguna vez. La encontramos y se la llevó. Era el Flaco Pablo.

Le había mandado un mensaje para el brindis de fin de año. ¿Te llegó?, le pregunté. “Sí, pero no pude ir”. Me pasó su número de nuevo. Nos dimos un abrazo, buen fin de semana, y seguimos nuestros caminos.

 

vías - Plátanos

 

Más allá de la emotiva anécdota que da contexto, quiero volver sobre el inicio del encuentro. Sobre el vocativo que me hizo parar en plena lluvia. ¡Eh, sacafoto! “Saca-foto”, una palabra que no figura en ningún diccionario, ni siquiera en el vocabulario que Pablo de Plátanos traía consigo, es una invención del momento. Simplemente se encontró con la necesidad de llamar al amigo fotógrafo… Y lo logró con poesía básica.

También, morfología generativa. Esa clase de palabras, “saca-foto”, un sustantivo compuesto, hecho de un verbo y su objeto, tiene una lunga tradición, que se actualiza en forma permanente. Algunas ocurrencias perduran largo tiempo. Hay más literales (lustrabotas, sacamuelas, abrelatas), otros más metafóricos (cazabobos, amansa-locos, atrapa-sueños), con chispas de humor o ingenio (mataburros, lamebotas, comehombres), varios con actitud peyorativa o de gaste.

Muchos refieren a cuestiones sexuales, como “traga-leche”, “ficha-bulto”, “come-travas”, o asuntos donde hay que disimular, como la falopa (arruina-guacho, corta-dedo), y varios provienen de la jerga tumbera -una gran usina de la lengua-, por citar: lava-táper, come-huevo, roba-vieja, sopla-bolsa… Y ahora mismo siguen surgiendo.

Todos tenemos en mente numerosos ejemplos y también, sobre todo, felizmente, la capacidad de seguir creando nuevas ocurrencias: sea para renombrar lo que re-conocemos, para nombrar lo que antes no había, o lo que todavía no hay.

 

 

Omar Shané y el hermano boliviano

Entré a un supermercado chino en una calle lateral de Quilmes Oeste, y cuando llegué a la heladera de lácteos, al fondo del local, sentí que en la carnicería, desde un equipito, sonaba una cumbia, y reconocí la voz emocionada de Omar Shané.
Recordé la figura de Shané en las tapas de sus casetes, con la hatata y el brin, paisajes exóticos, reyes magos, odaliscas… Se hacía llamar El Jeque (El Sheik, El Príncipe, El Magnífico). La música tenía raíz santafesina, con predominio de los punteos de guitarra. No era cumbia de fiesta, sino para escuchar en la casa o en el trabajo; cumbia con contenido social. Ya en los ’80 (todavía no cundían la cumbia villera ni los pibes chorros) escribía canciones sobre asuntos marginales: pobreza, abusos, abortos clandestinos, chicos ladrones, provincianos que caían presos.
El carnicero, un morochito de rulos de unos veintipico, emergió de la cámara frigorífica. ¿Este es Omar Shané?, le pregunté. “Sí, es acá de Quilmes, yo lo conozco”. Yo lo escuchaba hace veinte años, le conté. Tiene cumbias buenas pero bastante tristes. “Sí,” reconoció, “muchas te dan piel de gallina”. ¿Y sigue tocando?, me dio curiosidad. “Ahora se hizo pastor”.
Me acordé de un tema muy atípico sobre un hombre que anda por Villa Domínico, y se encuentra a un amigo boliviano mirando el río, triste porque a su país le quitaron la salida al mar. Deciden ahogar la sed de mar en un mar de vino de la costa; y el local aprovecha para apagar también su sed de Malvinas. Juntos sueñan con la unidad latinoamericana. Y el cantor argentino le convida el mar al hermano boliviano. Una maravilla.
Cuando salía del súper, en la vereda, al sol, contra las rejas azules, la chinita de la caja, sonriente, tenía en brazos, envuelta en un aguayo, a la bebé de la verdulera, y le daba la mamadera.

Gracias

Amigas y amigos, muchas gracias por los mensajes, los llamados, los abrazos, por el cariño, el aliento y la compañía en un momento bravo.
Quienes conocieron a mi vieja saben que se nos fue un gran personaje, una mujer intensa, generosa, frontal, muy metida en la vida y en voz alta; la mejor modista de su barrio; la vecina que cortaba la calle para que pongan semáforos; la que curaba el empacho, el mal de ojo, las quemaduras sólo porque sabía y por ayudar; la que cocinaba y compartía. Una madre pilla con un humor chispeante, que agradezco y me zafa en tantas.
La vamos a extrañar, ahora con un lagrimón, siempre con sonrisas. Y nos seguirá inspirando y dando ánimo: me bancó en todas, me alentó a involucrarme en lo que me importa, y hacer lo que deseo, lo que siento; eso es indeleble.
Los vivos no sabemos lo que pasa después de la muerte: cada cual hará sus conjeturas. Un poco triste pero tranquilo, yo me digo: Aguanten el paraíso de la memoria y las potencias de la imaginación.
Por suerte tuve tiempo de decirle: Hasta luego, ma. Te quiero mucho. Que sea un buen sueño, que sea un buen viaje.
Les voy a pedir, si nos cruzamos, que me den la libertad de hablar del tema si lo necesito; pero si no, mejor no pregunten.
Y un último favorcito: no pierdan oportunidad de expresar su amor.

corazón de milanesa

Struggle for life

 

Nos subieron a un tren y reparten
espadas, escudos, cascos, y formularios:
Yo lucho por ________________________
Yo lucho contra _____________________

Los más decididos rellenan sin pensar.
Otros pispean por encima del hombro.
Hay grandilocuencia y romanticismo,
hojas en blanco, tachados, enmiendas,
algo de humor y muchos nombres propios.

Igual, somos un ejército de mercenarios
al servicio de su majestad la opresora.
No hacen falta ni venias ni uniformes,
ni épica ni fe: se lucha y ya.

Amigos, parientes, vecinos, extraños,
cualquiera puede aliarse, dar batalla.
Vemos caer a cuántos y de frente march.
Llenarse de veteranos hospitales y hospicios.
Manchadas de eslóganes las paredes
de los fusilamientos.

Intentamos desertar y terminamos
en la vanguardia, explorando, abriendo
campo a los refuerzos. También
victorias, botines, y alegres vivaques.
Alguien talló: AMO A LA LUCHA.

Igual, la moral de la tropa está baja.
Cada cual es su propio enemigo.
Uno mismo se combate y derrota.
Y aquel que no lucha muere.
Así que…

 

Me invitaron a participar del Capítulo 3 de la publicación digital 8cho y 8cho, dedicado a “Lucha”: mandé este poema, que acompaña una ilustración de Distilla Tzara: http://www.8y8.com.ar/

Constructora Sin Futuro S.A.

Especulemos: se mira lo que hay | y se entrevé lo que podría.
De ahí las proyecciones, los papeles | que cubren y transparentan, | planos sobre planos, | señales de advertencia, | gestos y sonidos que remarcan lo fugaz | y se disolverán en la memoria.
Las paredes revestidas, | los techos donde se reflejaron luces y sueños, | el suelo que soportaba nuestro peso | la construcción que nos alberga | ya se derruye. | Todo lo sólido… vigas y columnas se desmoronan, | y una confusa emoción desborda los desagües. | Lo pasado (migrantes que levantan | pieza tras pieza, escalón por escalón) | se habría convertido en cimientos | de un porvenir ajeno y próximo. Virtuales bauleras. | Se acercaría una nube de polvo que nos tapó, | mientras realizamos una visita guionada | por las ruinas del presente.
Materiales frágiles, construcciones efímeras. | Artefactos para rescatar en la demolición, | pilas de cascotes, y hallazgos: | evidencias de belleza, de verdad. | No nos guiaríamos por las apariencias: | caminamos entre escombros.
Del taller a la calle, del local a la cocina, | de paso por este edificio de inquilinos | como los que consumen la vianda en el andamio, | o los que levantan en pala. | Cintas de precaución y cascos amarillos, | contemplarán seguros el espectáculo del colapso. | Una silueta se asoma al balcón. Noveno. | Sonrisas a los desconocidos que compartirían el ascensor. | Para acceder a la terraza, | consultar en administración.
Nos reunimos entre patio y palier, | y sobre nuestro consorcio transitorio | se alzan estudios de arquitectura y aritmética: | x metros cúbicos, x unidades. | Chau, cielo; hola, vecinos.
Volviendo a nuestro terreno | baldío, el presente: Disfrutar | el SUM. Un espacio festivo: | brindis con pirámide de copas, | que la abundancia se derramaría | casi hasta la base; | y baile: los cuerpos de la obra, | una córeo precaria, | un castillo de cartas, | una torre de juego. | Feliz derrumbe. | No hay futuro: no el fin del tiempo, más bien | que nada nos espera. Ni esperaremos nada. | Hacemos todo lo que podamos ya.

FA

constructora sin futuro s.a.

“Presteza” en Efecto Kuleshov

La revista Efecto Kuleshov inauguró en su sitio una Sala de Lectura con un cuento que escribí hace un par de años.


Presteza

Al final sos como el náufrago del cuento que abraza un salvavidas y toca, ahogado de esperanzas, las playas de una isla inhóspita. Escupe agua y tose y respira hondo; da un grito de desahogo porque se alegra de hallarse a salvo en la orilla, y entonces un vistazo revela: alrededor el desierto ondulante, la arena en blanco y las rocas pulidas, un verde que gana espesor, la creciente certeza de una soledad rotunda, la imaginación intranquila, y el paso del tiempo amenaza con volverse el mayor peligro.

Hace sólo seis meses cumplías una rutina, te tomabas en serio una serie de irrelevancias y te contentabas con sentirte útil y poder pagar tu confort. Pero ahora… este charco que se dilata en torno desde los últimos dos meses. El ocio se te hace sufrimiento, y ya no pensás en un lujo gratuito y necesario. Demasiado tarde te diste cuenta de que no tenías oficio ni profesión. Gusto, talentos y la fidelidad al bienestar te permitieron ciertos avances, aunque sin el ímpetu del que corre tras la presa. Vivías en la holgura hasta la quiebra de tus empleadores, y aún te seducía el panorama de un año sabático con todos los gastos cubiertos. Así que te dedicaste con tanta pena como ansiedad a contemplar la ruina de la empresa.

Nada resultó tal lo previsto… clic acá para seguir leyendo.

(Gracias. Y ojalá lo disfruten.)

Juan Sebastián Amadeo, ilustracíon para "Presteza"

Ilustración de Juan Sebastián Amadeo

 

Demolición

Ataulfo Perez Aznar - Loma

Una exposición de tres fotógrafos argentinos: Alberto Goldenstein, Marcos López, Ataúlfo Pérez Aznar. Cuatro con el curador, Guillermo Ueno, que realizó la selección y el montaje en base a ideas como:

Reunir los archivos de tres referentes, correr los egos, sus “marcas registradas”, barajar fotos y repartir de nuevo, a ver si de esos juegos surge algo más amplio que el estilo personal, ¿un lenguaje fotográfico de acá? ¿Un idioma (fotográfico) de los argentinos?

Ueno ve la posibilidad de tratar a las imágenes como kanjis (ideogramas chinos adoptados por Japón: siempre traducción), signos-conceptos ambiguos que se articulan en sintagmas polisémicos, como en poemas, como jaikus o tankas. De sus combinaciones resultaría una suerte de gramática.

Citando al polaco Gombrowicz, “ciudadano de segunda”, un periférico, para colmo desplazado, reivindica la inmadurez, la inconsistencia de la tradición, y la libertad para hacer cualquier cosa, para construir algo inédito, para desviarse, derivar, pirar.

Cobran protagonismo los procesos de trabajo. La constancia. Los azares. La insistencia. Los descubrimientos. Están a la vista las pruebas de contacto con las marcas de las elecciones, preferencias, pifies, copias malas, ¿descartes? Las fotos detrás de las fotos. El taller se abre.

Marcos Lopez

Al entrar y panear el gran galpón blanco: hay fotografías distribuidas en las paredes, ampliaciones de los tres, mezcladas, color, blanco y negro, en distintos tamaños, con distintos marcos, distintos agrupamientos. Dípticos, tríos, septetos… Debajo, hacia el perímetro, vitrinas (mesas vidriadas) con fotos surtidas, contactos, pequeños montajes, miniaturas… Y en el centro tres mesas, una por autor, con cajas repletas de “material” para revolver con guantes y estudiar con lupas.

Empiezo por las paredes. Reconozco alguna que otra imagen. Me voy cruzando con las vitrinas. No vi en profundidad la obra de ninguno. Hojié libros de Marcos López, algunas fotos en muestras colectivas, sus imágenes circulando en Internet. De Goldenstein, ídem; menos aún. De Pérez Aznar, muy poco, el más incógnito. Veo que circulan unos “mapas” (o machetes) que indican a quién pertenece cada foto, ¿una especie de analgésico para la incomodidad de no saber quién hizo qué?

No es M.L. el del Supermán de la loma con curiosos. Ni sacó A.P.A. esa vibrante Madre de la Plaza. El Lobo Marino sí es de A.G. Pero eso hay de todos.

Me acuerdo de los Blindfold Test, audiciones de música a ciegas, de Leonard Feather para la revista Metronome: le pedía a un músico que escuchara un tema (sin saber el intérprete) y diera sus impresiones; después, sabiendo, volvían a escuchar. Dato colorido: la “Chica Pepsi” en el catálogo se le adjudica a Marcos López pero en el “mapita” a Goldenstein.

Me parece preferible disfrutar los beneficios de la ignorancia. Imposibilitado y eximido de atribuir a cada foto su autor, me confronto con las imágenes, con sus combinaciones. Trato de ver qué me dice cada fotografía, y qué se arma entre unas y otras. Dar con pistas de esa gramática sugerida y elusiva. Encontrar formas de ¿lo argentino?

Me siento como un estudiante inicial, saliendo de un aeropuerto a un país que habla su nueva segunda lengua. Reconocer ciertos signos, darse cuenta de ritmos, tonadas, y de todas las referencias que se escapan. No es una simple y ordenada retrospectiva de tres grosos, una antología de grandes éxitos, ni de lados B. Tampoco es una historia ni cronología de la fotografía argentina contemporánea. Pero las biografías y las obras están atravesadas por la vida social, y los trabajos de estos tipos abarcan desde los 70s al presente. ¿Una generación? Más de tres décadas de laburo, de cámara y laboratorio, de bocetos, de producción, de muestras y publicaciones.

En las imágenes aparecen los signos de los tiempos que corren, testimonios de un cambio de siglo: cambian las películas, las pilchas, los pelos, los coches, los packaging de la cultura. Y la atmósfera, densa de la dictadura, el destape a la vuelta de la democracia, cultura rock, carnavales travesti, relojes digitales, los modernos y bifaciales 90s, viajes al exterior, cóvers, la antropofagia de íconos y marcas importados…

Percibo lo argentino en lo fotografiado, en los rasgos, los paisajes, los objetos propios de nuestra cotidianeidad, y en cosas que se nos cuelan, suvenires traídos por turistas, viajeros, migrantes… Mar del Plata x 3, las reposeras, los pañuelos en la cabeza, ojotas, la mersada y la paquetería, parar en la peatonal, buzos remangados, los logos del Pancho 95, el morochaje y los gestos de refinamiento, los objetos sobre una mesa de luz, un Falcon en la puerta del Metro, y un Chevy con chapa de Massachussets, cortinas plateadas y unas tumbadoras en un cabaret, la revista que cubre el rostro del burrero, pesos ley, reinas provinciales, changos del súper, del norte, chinas, gauchos, gaúchos, guachitos, pastizales, yuyerío, costaneras, baldíos futboleros, pampa, edificios, monumentos, una vaca y la calavera con piedras preciosas, cráneos, velorios, cementerios, fotos de galerías, desnudos de museo, fotos de fotos… Cientos de fotos. Muchas más de las que se podrían ver si se les diera el tiempo que requieren. Y en suma, un territorio vasto, de límites porosos, con fronterizos y migrantes, llegados por agua, por tierra, por aire, fugados… Más allá de la ficción de las aduanas, ¿hasta dónde alcanza, dónde empieza a terminar? Yungas, Brasil, Cuba, la Estatua de la Libertad en Buenos Aires, adobes y avenidas… Un sobre de papel madera con fotos de Goldenstein dice en fibrón: “Norte, Zurich, Mar del Plata”. ¿Será que hay algo argentino, no (sólo) en lo fotografiado, sino en la mirada? ¿Una visión argentina?

Steve, de Alberto Goldenstein

Se me vienen algunas reflexiones, pero antes hago uso de mi derecho a mandar fruta, a decir lo aparecido sin justificar: más allá de la enumeración infinita de elementos visibles, algunas imágenes cautivan por su aura de nostalgia, ironía, calidez… ¿la temperatura afectiva de la luz? Una sensualidad que siento cercana, como esas primeras tetas birladas de una película en Función privada. Un modo de la elegancia, que se da como disposición a lucir tal cual se es, más que como sobriedad. Cierta picardía criolla, en los ojos del retrato y en la mirada del retratista, de la picaresca de Olmedo hasta el delirio alla Cha Cha Cha. El afán de exagerar. La saturación de la clase media, en Mardel (o en Liniers), entre los familiones de vacaciones y la aristocracia local, la admiración por lo inaccesible y el riesgo de lo tan cercano, esa oscilación entre el centro afuera y la periferia interior… Impresiones fugaces… Y ahora sí, algunas ideas:

Bajar del pedestal. La deconstrucción de los estilos personales da lugar a sorpresas. Al seguir, por ejemplo, el despliegue de la forma humana, los retratos, francos frente a la cámara, entrevistos, capturados del vértigo, distintos desnudos, desnudeces, de la intimidad a la exhibición, de la carne a la escultura, maniquíes de taller y de vidriera, autorretratos y sombras de fotógrafos, siluetas, caretas, disfraces, trajes, prótesis, estatuas que dialogan con el paisaje y con la historia, estampitas que dialogan entre sí… Si bien la mezcla de fotos sin nombre puede reposar sobre el reflejo de la identificación, sobre la presunción y su probable error, lo que se evidencia son búsquedas cercanas, simultáneas, compartidas, coincidencias en tres fotógrafos con características propias que no tienden a asociarse… Los juegos que se arman en las paredes y las vitrinas proponen conexiones novedosas entre imágenes, y momentos, y temáticas.

Hay un premio a la paciencia, a la observación atenta y libre de ansiedad. Al revolver las cajas de los autores en las mesas centrales, reaparecen muchas de las fotos que vimos entremezcladas sin atribución, y se revela quién las tomó. Vemos “la misma foto” en dos versiones, tres, cuatro…. Tiras de pruebas marcadas con una cruz, con un punto, con un sí, un no… Planchas recortadas, que ostentan el vacío de la elegida. Contactos y ampliaciones, copias defectuosas, pruebas que se lucen en otro punto de la instalación, y que en algún punto podrían intercambiar lugares; muchas con “errores”; muchísimas “perfectas”. Más de las que uno podría ver en una o dos visitas, si se detuviera el tiempo que cada una requiere. De eso se trata, ¿no? De la atención, y el tiempo que transcurre en cada imagen, las relaciones que se tienden…

Es notable cómo cambia la misma imagen dentro de las series meditadas de paredes y vitrinas, donde cada foto tiene su por qué, su porque sí; y dentro de las series más aleatorias de las cajas, donde, trastocadas, toqueteadas por las visitas, las fotos “elegidas” se aprecian en relación con sus compañeras “desestimadas”, que les dan relieve, y con búsquedas paralelas, con otros agrupamientos.

Por un lado, se refuerza la significación de esas combinaciones “gramaticales” de la selección y el montaje: esos sintagmas multidireccionales que forman dos, tres, cinco fotos presentadas en conjunto; y todas las posibles sustituciones paradigmáticas. Cada imagen, que significa múltiplemente, participa de secuencias, se ve afectada por las próximas, las que le siguen y la anteceden -no en una sucesión lineal como en la escritura sino en el recorrido que arma la mirada, como cuando, tras el golpe de vista, se van descifrando los números de los dados que arrojó el cubilete-, y cada imagen pertenece a más series de imágenes, varias de las cuales podrían sustituirla en la secuencia. Muchas fotos de las cajas podrían ocupar un lugar más “destacado”, reemplazar a las más visibles.

Revolver las cajas con pruebas, meterse en esa intimidad de los procesos, devuelve a estos tres grandes al lugar de exploradores, de laburantes, de buscas… Y lo mismo corre para el curador y la muestra. Ueno equipara a estos tres capos, y a sí mismo, con otros fotógrafos, con cualquiera, con cualquier observador sensible, cazador de epifanías, perseguidor de formas… Las fotos, así manipuladas, regresan al terreno de la práctica, al territorio de lo perfectible, de lo debatible, lo decidible, del criterio y el gusto, del capricho.

Otro ejemplo para ilustrar una idea que se desprende: en una de las vitrinas hay un paquetito de copias mini, una pila (una bocha) de fotos, sostenidas por una banda elástica. Vemos la cara superior, una que se asoma, tres desplegadas en la base. Y queda en evidencia que sólo vemos la punta del iceberg, que detrás de cada imagen hay tantas otras, registradas y no, acaso con defectos técnicos, hallazgos emotivos.

Podemos pensar que cada fotografía es una caja, que contiene montones de fotos, que cada impresión sobre la superficie sensible tiene, además de la profundidad de la imagen, el volumen de los intentos que dan densidad a los aciertos. Y la muestra cobra algo de puesta en abismo.

Fernando Aíta
Fotos: Ataúlfo Pérez Aznar, Marcos López, Alberto Goldenstein.
Más sobre la muestra en Tosto.
Y en REV.

Los sospechosos de siempre

Los sospechosos de siempre - Mirate esta. Cartas de película.

Avellaneda, 19 de julio de 2011

Hola, pa:

Te escribo con una linda excusa: hablar de una película que los dos vimos, en VHS, y a los dos nos gustó: Los sospechosos de siempre. Que además la consideraba un buen título para que hiciéramos un experimento. ¿Te acordás algo? Te hago un resumen.

La primera escena sucede “la noche anterior” en un puerto de San Diego, California. Una figura llamada “Keyser” remata de un tiro a Dean Keaton (Gabriel Byrne), antes de prender fuego el barco donde veintisiete tipos, parte de una banda de traficantes, acaban de perder la vida en un tiroteo. Por la mañana, uno de los dos sobrevivientes, un marinero húngaro de la tripulación, hospitalizado con quemaduras graves, repite con insistencia y terror el nombre de Keyser Söze, y ayuda en la confección de un identikit. Mientras tanto, el otro sobreviviente, Roger “Verbal” Kint, un estafador tullido (personificado por Kevin Spacey), acuerda contar todo lo que sabe al Agente Kujan, a cambio de impunidad. Y una serie de flashbacks, narrados por “Verbal” Kint durante el interrogatorio, reconstruyen la historia: unos vuelven a la noche anterior, la de los tiros y el fuego; otros, se remontan seis semanas atrás, cuando la policía de Nueva York había apresado por el robo de una camioneta a un grupo de delincuentes muy junados para una rueda de reconocimientos.

Es difícil recordar el argumento de tan sinuoso y complejo. Básicamente los cinco “sospechosos de siempre” (Spacey -Oscar al mejor actor de reparto-, Gabriel Byrne, Benicio del Toro, Stephen Baldwin y Kevin Pollack) resultan inocentes del robo. Y deciden vengarse de la policía mediante un golpe comando al “mejor taxi de la ciudad”: un patrullero entongado para trasladar traficantes. Los rodean con dos camionetas, les revientan las gomas; uno se para arriba del techo y les rompe el parabrisas de un masazo. Agarran el contrabando, prenden fuego y se van. La operación es un éxito, y el quinteto se traslada a Los Ángeles para vender su botín a un tal Redfoot, que les encarga otro trabajito: asaltar a un traficante de joyas. Pero el joyero no llevaba alhajas sino heroína. La banda increpa a Redfoot, y éste apunta a un tal Kobayashi, al fin de cuentas, abogado y mano derecha del mítico Söze. El ominoso Sr. Kobashayi, hace su aparición y les da un nuevo encargo al que estos hombres no pueden negarse: asaltar el barco que arde al comienzo de la película.

En el transcurso se engrandece la misteriosa figura de Söze, sobre quien corren miles de rumores que lo pintan como un criminal temiblemente inhumano. Por ejemplo, una banda adversaria, que disputaba el control de la heroína en Turquía, toma de rehén a la familia de Söze. Pero antes que mostrar debilidad, Keyser mata primero a su propia familia, luego a los secuestradores (perdona a uno para que corra la voz), y por fin a todos los parientes y conocidos de sus enemigos. Después desaparece y se convierte en leyenda. La pregunta que uno llega a hacerse es: ¿Quién es Keyser Söze? ¿Es Keaton? ¿Es Kobayashi? ¿Existe Keyser Söze? A propósito “Verbal” declara: “El mejor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía”.

La película, dirigida por Bryan Singer y escrita por Christopher McQuarrie (Oscar al mejor guión), como muchas de suspenso, está armada en función de la sorpresa final, al develarse el misterio. Cuando se estrenó, por la misma época que Seven (Pecados capitales), donde también Spacey hace de malo, me contó una amiga (y otra me lo confirma) que en un cine de la Avenida Santa Fe, en el afiche de la puerta, donde se veía a los cinco actores-personajes en rueda de reconocimiento, alguna persona muy guacha había dibujado con fibrón una flecha que señalaba y decía “Es éste”. Una turrada, que uno no sabía si creer o no: tranquilamente podía ser mentira. Pero entrabas a ver la película condicionado.

De todas maneras, la historia se sigue disfrutando incluso si uno conoce de antemano cómo termina. Lo más notable es la forma en que se diseminan una cantidad de detalles secundarios, que siempre permanecen a la vista y de repente se vuelven relevantes, no por la importancia de su contenido, sino por cómo ocuparon su lugar en la trama, por la trama que sirvieron para hilar. En un momento de epifanía, una recapitulación en videoclip, arman una secuencia asombrosa por obvia, y explicitan el “deja vu” en la mente del detective y el espectador. Seguro que vos, viejo, como yo y muchos, cuando terminaste de verla la primera vez, pensaste “Tendría que mirarla de nuevo”.

Lo que noté cuando la volví a ver (esta vez en Internet) es que “Verbal” Kint, un improvisador y narrador tremendo, usa los hipervínculos con una facilidad asombrosa: o sea, con los datos caprichosos que le tira la situación, con el entorno más inmediato, va componiendo un pasado coherente, y se va construyendo un personaje (Keyser, él mismo en tercera persona) que vela su verdadera identidad. Acordáte de que se lanzó en 1995, antes del Facebook. Con esto de armar historias haciendo copy-paste con algo de cada hiperlinkeo, como si hicieras zapping y tomaras un dato de cada canal para incorporarlo a tu narración, Verbal me resulta un personaje (como la película) muy de nuestro tiempo.

Vos sos de otra época, y ahora más que nunca, del pasado, aunque te adaptaste bastante (pensar que íbas a bailar con las orquestas típicas y terminaste escuchando tangos en un MP3). Después de jubilarte, tuviste un tiempo de ir al cine todas las semanas. Pero tu lugar favorito fue la cama, frente a la tele, con los controles remotos, la revista del cable y las pilas de DVDs que mamá trocaba semanalmente con amigas y vecinos. Horas y horas alternando entre las ficciones chatas de los noticiosos, el clásico argumento del partido de fútbol con puestas en escena y elencos cambiantes, y montones de películas, muchas ya vistas y apenas recordadas, o memorables. Los últimos años, tus ojos empezaron a secarse y fuiste perdiendo visión. Me decías que ya no podías leer los subtítulos, así que tenías que elegir películas en castellano o dobladas, para que los sonidos y los diálogos te guiaran entre las sombras coloridas y contornos difusos que percibías en la pantalla.

Quería que hiciéramos el experimento de mirar juntos esta película (doblada al español), y después filmarte con la cámara de fotos y que vos me contaras lo que habías visto, oído, recordado, conectado… Rehacer la película según tu percepción y tu memoria: un videíto con el relato de tu versión, y agregarle unas fotos, unas secuencias y capaturas de pantalla. A semejanza y diferencia de “Verbal”, con unos pocos datos del entorno (luces y sonidos), y sobre todo el archivo de imágenes de tu memoria, recomponer el presente. Más que nada, una excusa para pasar un rato juntos, para mantener viva la charla, inventar algo nuevo, que nos interesara, que nos distrayera un poco, y que nos ayudara a vivir mejor en estas condiciones.

Vivías en una ficción permanente (y quién no, ¿no?), aunque a lo último te costaba mantenerte en esas historias fabulosas, llenas de acción e intensidad, donde lo excepcional se da constante, pero que igual cada vez te deparaban menos asombro y más reconocimiento del oficio. Una frase amarga y convincente, cuyo autor ignoro, afirma que “el dolor es la conciencia de la vida”. Supongo que tu pie no te dejaba pasear tranquilo por esos mundos imaginarios, rodeado de tus viejos conocidos, actores y personajes. Cada vez más rápido, el dolor te traía de nuevo a la ardua realidad de tu cuerpo en decadencia, y a la cansadora cotidianeidad.

Me acuerdo cuando te internaron el año pasado para las fiestas. Tu pierna andaba para la mierda y la lúgubre clínica de PAMI no influía nada bien sobre tu ánimo, ni el de nadie. Un día decidimos que no tenía sentido quedarnos al lado de la cama a verte dormir. Que las enfermeras se ocupaban, que mejor ir cada cual a descansar a su casa. Amaneciste atado a la cama, con moretones en los antebrazos del esfuerzo por zafarte: delirabas, pretendías escapar desnudo por los pasillos y habías armado un gran quilombo de gritos y destrozos menores. Esa noche me quedé con vos. Me contaste que no sabías bien lo que había pasado. De entre la confusión por las medicaciones, el cagazo, y la extrañeza del lugar, retenías fragmentos, escenitas: había cinco mujeres agarrándote, vos les pedías que no te ataran, gritabas por Gonzalo y por mí, que llamáramos a la policía. Las empezaste a amenzar: Que te dejaran solo o ibas a quemar el barco. “Les voy a quemar todo el barco”. Después, del televisor, que colgaba en lo alto de la pared, y donde ocurría una carrera de caballos, o indios y vaqueros, habían empezado a salir chispas y llamas. Entonces te tranquilizaste, te dijiste: “Estoy trabajando en una película, seguro que va a pasar algo, una magia que me va a liberar”. Llegó el sueño, y luego el día.

Me pregunto: ¿Cuánto habrás alucinado aquella noche y cuánto inventado después? Me gustan mucho las improvisaciones. Y me intrigan las relaciones entre imaginación y memoria. Creo que, para formarse una memoria viva, hay que entrenar la percepción, retener los detalles que la impregnan.

Al final de la peli, Roger “Verbal” Kint sale rengueando de la comisaría, pero a los pocos metros, mientras al policía le empiezan a caer las fichas, se vuelve Keyser Söze, y camina bien. Un auto lo pasa a buscar y se lo lleva de nuevo al misterio. El detective sale apurado a la calle y, creyendo que lo puede reconocer, busca con los ojos a un fantasma.

Tu última tele era un tubo, de 20”. Cuando se apaga, hay un punto de luz que persiste un buen rato.

 

Publicado en Mirate esta. Cartas de películas, Ensayos en Libro, Buenos Aires 2011.