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El vendedor de espirógrafos

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Entre tantas pálidas y malas noticias, en medio de la rutina y de la locura céntrica, hoy tuve la suerte de encontrarme con una persona formidable.
Me desvié dos cuadras del recorrido habitual, en vez de Sarmiento agarré por Mitre, y fui llevar un ejemplar de “Lengua extranjera” a la biblioteca en formación de la nueva carrera de Artes de la Escritura de la UNA.
Volvía por Callao a mi circuito y en la esquina de Perón, junto a un puesto de diarios cerrado, vi a un flaco, en una silla y con un tablero sobre la piernas, dibujando “mandalas” con un set de reglas.
Me detuve a mirar los dibujos y empezamos a conversar: mientras cambiaba de birome y seguía dibujando, me contó que se trataba de un espirógrafo. Que el sistema de engranajes permitía hacer distintos diseños, distraídamente, sin frustrarse. Que era un juguete muy barato para los chicos, pero lo recomendaba de los tres a los ochenta años, porque todos necesitamos crear formas. Él siempre sugería tener varios colores porque con el color aparece la creatividad. Tomó la hoja con la que estaba jugando, escribió “Soy feliz” y me la regaló.
Le conté que trabajaba de lechero pero también escribía, y hacía fotos estenopeicas: le mostré la cámara flashera, y le hablé de sus orígenes en Bolivia, trabajando con chicos que vivían en la calle. Me contó emocionado que él había estado en esa situación, y su sueño era abrir un espacio donde los chicos pudieran jugar y crear. Que estaba contento de conocerme, que por algo nos habríamos encontrado.
Le tomé un retrato, que espero salga bien para poder llevárselo de regalo. Y obviamente le compré un espirógrafo.
Gustavo, un alma generosa, que sostiene un modesto negocio en la intemperie, y regala belleza; una gran alegría conocerlo.

espirógrafos

Nota: Parece que el espirógrafo lo inventó un matemático polaco pero lo patentó un ingeniero inglés: https://es.wikipedia.org/wiki/Espirógrafo

Nota 2: El espirógrafo humano, Tony orrico: https://www.youtube.com/watch?v=MO5cFCxSog4

Nota 3: La foto salió bastante bien, pero todavía no encontré a Gustavo para darle su copia.

gustavo-espirógrafos

“Mejor perderlo” para 3 historias en 1 clic de PH15

Acá va un relato muy breve para un proyecto de la Fundación ph15: nos enviaron una foto tomada por chicos del PH15 a un grupo de escritores, y les pusimos palabras. También pueden ver las ilustraciones que varios artistas hicieron a partir de las mismas fotos.

Muchas gracias a Silvina Gruppo por la invitación a tan buena convocatoria.

http://3historiasen1clic.tumblr.com/post/143213906921/mejor-perderlo-había-perdido-mi-primer-trabajo-de

Magazine de la Internacional Errorista

Erroristas

Tuve el gusto y el honor de traducir varios textos (al castellano y al inglés) para la edición “Estado de emergencia / Estado de excepción” del primer magazine de la Internacional Errorista.

Este es su sito web. Pasen y lean: http://www.erroristas.org/es/

“Furgón flashero” desplegable

Las piezas gráficas que diseñamos con Hernán Cardinale, y la invaluable ayuda de Alix de La Barrière, Daniel Liñares y Alejandro Güerri.

desplegables de Furgón flashero

desplegables de Furgón flashero

desplegables de Furgón flashero

Pronto disponibles en los mejores lugares amigos.

 

El guiso póstumo

A los pocos días de que murió mamá, una tarde, me ocupé de vaciar su heladera.

Después del viaje a Cuba con su hermana, y antes, ya le costaba mucho comer. Y estuvo internada un mes, así que no había demasiado. Algunas cosas parecían congeladas desde mi infancia. Porque las heladeras habían cambiado, aunque no más de cinco veces en treinta años, desde la Siam en tonos marrones, un fierro, rectangular, con puerta de manija plateada y congelador, hasta la última de plástico blanco que ni me acuerdo la marca. Pero el uso de los espacios se mantenía el mismo en todas. La llegada del frízer había cambiado ligeramente el repertorio.

En la puerta había desde siempre un par de huevos, unos dientes de ajo y sus pellejos, una bolsita con un poco de queso rallado, unos pomos retorcidos de mayonesa y mostaza, pimienta blanca, condimento para pizza, algunas gotas (reliverán) y pastillas, un poco de manteca, medio limón, un pomito de la Gotita, una botella de agua (o jugo en polvo) y una leche. En los estantes una ollita con sopa (que le había hecho yo un mediodía), un queso crema vencido, unos zapallitos y unas cebollas medio secas, dos papas, unas tapas de empanada que su amiga Mary (la vecina del fondo) le traía del trabajo. Tiré todo.

En el frízer había unos postres, unas bolsas con pastas (fideos y ravioles, hechos por mi hermano), y un táper con tuco: todo eso me lo llevé a casa.

En los días siguientes, fui comiendo las pastas con pesto, manteca o aceite, y queso rallado. Una noche, solo en casa, me dispuse a comer unos fideos con el tuco. Recién ahí me cayó la ficha de que iba a ser la última vez que probara una comida cocinada por mi vieja.

Cuando abrí el táper (soy daltónico), no se veía rojo: se veía verde. El tuco resultó ser una sopa de verduras.

La puse en una olla y al fuego para descongelarla. Se desprendió un aroma tenue, incierto. Cuando se derritió la mitad, le separé un poco para mi hermano, en un vaso de plástico deportivo con tapa y sorbete. Y dejé calentar bien el resto para servirme un plato.

Me senté a la mesa, y me abstuve de agregarle sal o rallarle queso. Cuando probé la primera cucharada se me hizo agua la vista. Un caldo liviano, amarillo pálido verdoso, con trocitos de apio, cebolla, zapallito, zanahoria, papa. Medio dulzón y con un toque ácido. Los condimentos de siempre, sal y pimienta, quizás una pizca de nuez moscada.

Mamá preparaba unos canelones con tuco, unas milanesas de nalga, unos matambres arrollados de la san puta: cocina simple y deliciosa. La sopa no estaba rica, la verdad. Pero tenía el gusto tan familiar de las cosas hechas rápido, prácticamente, con lo que hubiera en la heladera (o una escapada al kiosco/almacén: andá y traé…), lo más sano y sabroso posible, y sin repetir la comida del día anterior.

A cada cucharada, desde las papilas, se me iban despertando recuerdos, imágenes, escenas en la cocina cambiante de la casa de siempre.

Lo llamé a Lalo. Le conté. Que me había traído un táper, y que el tuco al final salió sopa. Que le guardaba.

A los días fui una escapada en bici hasta su casa, arriba de lo de mis viejos. Estaba tirado en la cama, mirando la tele.

-¿Te acordás de la sopa que te conté? Acá está.

Le di la botellita. Destapó el pico del sorbete y la probó así en frío nomás.

-Es cualquiera. Tiene re-gusto a mamá.

Se rió con los ojos brillosos. Me pidió que la dejara arriba de la mesada.

Echados frente a un partido de Boca o River, charlamos un rato: lo que nos pasaba, lo que sentíamos, el desgaste de lidiar con lo amable y cargoso de los demás, las agendas semanales.

En el entretiempo, me volví a casa pedaleando pensativo, dándole vueltas a otras cosas que ya no iban a pasar más.

 

Suelta de cenizas

cenizas

La mañana de Navidad solté en el mar las cenizas de mamá.

Habían estado en su casa desde los primeros días de enero, cuando la funeraria nos las entregó junto con la factura para pedir el reintegro a PAMI. Ni mi hermano ni yo sabíamos qué hacer con esos restos mortales. Las cenizas de mi viejo, escépticamente, ni siquiera las habíamos retirado del crematorio. Y las de mamá descansaron todo el año en un “cofrecito”, dentro de una bolsa con el logo de un cementerio, sobre la tabla de planchar junto a la heladera.

Después de acompañar a un amigo a enterrar las cenizas de su padre en la cancha de Independiente, y mientras planeaba pasar Nochebuena en la costa, se me ocurrió que el mar, con todas sus metáforas, prestaban una opción idónea, para una nueva despedida, simbólica. Mi hermano rehusó la invitación, pero me confió la tarea.

Antes de arrancar para Gesell agarré la “urna” (una cajita de chapadur), la di vuelta y le dasatornillé el fondo, y una placa de metal plateado (¿aluminio?) grabada toscamente a mano: “x Q-E-P-D x Soledad E. Scarinz (le faltó una “i”) 30-12-2013″. Adentro había una bolsa de plástico negra con cinta scotch en una punta, un paquete de un cuarto kilo. Me llamó la atención la textura: no parecía polvo, como la ceniza de un pucho; se palpaba como conchilla, como arena gruesa.

El 24 a las tres de la tarde estábamos con Alix armando la carpa; y a las cuatro, en el agua. Cuando se fue el sol, prendí el fuego del asadito, y antes de la medianoche, nos instalamos en la playa con un vino listos para ver los fuegos de artificio frente al mar y bajo las estrellas. En Mar de las Pampas el cielo se prendió fuego de colores coreográficos. Fue la primera nochebuena en cuatro o cinco años que no pasé en un sanatorio (o con uno menos en la mesa chica). Envueltos en una colcha, abrazados, nos quedamos dormidos en la arena, y de madrugada volvimos al cámping.

A las nueve, sol y calorcito, encaramos playa, y decidí llevar el cofre con las cenizas. Cuanto antes, mejor, pensé. Y preferible de día, con pocas personas alrededor. Cuando dejamos nuestros pertrechos sobre la arena -una mochila, el cofre, la bolsa de mandados con el equipo de mate-, se nos acercó una perrita negra y simpática, y una libélula de cuerpo azulado: la perrita tenía la lengua afuera. Le ofrecí agua en la mano; se la tomó la libélula, que después se fue.

Momento de arrojar las cenizas al mar. Alix me filmó para mi hermano. Caminé hasta la primera rompiente y vertí el contenido sobre las olas, cerca de la superficie del agua, para que no se lo llevara el viento. Lo sentí liberador.

Volví a la orilla y resolví enterrar la urna –la tapa la tiré al mar como si fuese un frisbi rectangular. Mientras hacía el pozo, la perrita aullaba, me imitaba, cavaba un hoyo. Después encontró una ramita recta, y jugamos a tirársela, que la fuera a buscar, y la trajera de nuevo, una y otra vez. Evidentemente, los animales necesitamos jugar, y nos atraen las reiteraciones con variantes.

Rato después, inflé un globo rojo y lo solté. El viento del norte soplaba paralelo a la orilla, y el globo fue dando saltitos por la arena mojada hasta un grupo de tres niños de menos de un metro. Uno logró agarrarlo. Al rato se le escapó y siguió su viaje hasta un niño siguiente, y así hasta que lo perdimos de vista: sabiendo que hasta su último momento le podía dar a cualquiera una alegría simple, inesperada.

 

Ediciones independientes vol. 7

Ediciones independientes vol 7

Tuve el gusto de participar en esta muestra junto a colegas con proyectos en distintos lenguajes, formatos, soportes: música, dibujos, fotos, proyecciones, esculturas, y otras/os.

Me saqué las ganas de leer “Presteza”, un cuento que se encuentra cliqueando acá. Muchísimas gracias por el silencio atento a todas las personas que escucharon la lectura, y a mis colegas, organizadoras, anfitrión/as. Una gran noche.

 

Efecto Kuleshov Nº 3

tapa kuleshov 3

Ya apareció la revista Efecto Kuleshov 3, financiada colectivamente a través de Panal de Ideas.

Participo con una nota, “La lengua popular” (y encargué una remera).

Acá pueden ver los números 1 y 2, y parte de lo nuevo: http://www.efectokuleshov.com.ar/

8cho y och8, el libro

Esta antología propone ocho temas, cada uno abordado por ocho artistas visuales y ocho escritores. A partir de un mismo disparador, cada participante trabajó con su propio estilo, género, técnica y disciplina. Tenemos como resultado el despliegue de un abanico de posibilidades estéticas que da cuenta de un segmento de la actividad artística y literaria actual. El libro en su versión impresa se presentó el día viernes 24 de octubre a las 19 hs. en el auditorio David Viñas del Museo del Libro y de la Lengua, en la Ciudad de Buenos Aires.

tapa 8y8 el libro

Ñusléter #2014

ñusléter 2014

Después de un rato, apareció un número nuevo:
Ñusléter #2014 -mensaje anacrónico de literatura
http://www.niusleter.com.ar/ 

Día de la Pachamama

9am. nublado en El Jagüel, pedaleaba por Evita y frené en una parrilla, para orientarme sobre Arenales, que no entraba en mi mapa, y porque escuché al señor decir “ruda y caña”.
Un mostrador ocupaba todo el frente; de uno y otro lado, una ronda de mate. La doña cebaba sentada a una mesa; el parrillero empezaba su ritual del fuego y le convidaba la bebida del 1º de agosto a una chica con campera de Pepsi, y otra señora amiga en la vereda. En un cartel tallado se leía “En la parrilla del Negro manda El Negro”. La chica de Pepsi aceptó el trago y le gustó.
Buen día, ¿están tomando caña con ruda?, me metí. Yo tengo preparada en casa, pero me olvidé de tomar antes de salir. El Negro me invitó una copita. De una botella llena de planta, que venía macerando hacía un mes. Muchas gracias, ¡salud!
¿Le pregunté a la chica si también levantaba pedidos? Pero no, el marido le había mangueado la campera a un repositor o un camionero. Me indicaron cómo llegar a la calle Arenales, del otro lado del arroyo. Muy agradecido, salí pedaleando, con un gustito herboso y dulzón a tierra y contento.

la parrilla del negro

Cruce de vías

Esta semana nos cruzamos con Pablo de Plátanos, el creador de “saca-foto”, en la estación Darío y Maxi (Avellaneda): ocho y pico a.m., él venía en el furgón, de Berazategui rumbo a Constitución; yo esperaba del otro lado del andén el eléctrico a Ezeiza.

Eh, ¿y la foto?, sentí. Me di vuelta y, antes de saber quién era, manotié el toco. A ver si la tengo. “¿Te acordás cuál, no?” Al unísono dijimos: La del perrito. El día de lluvia, agregué. ¿Cómo andás, Pablo?
No la tenía. Le ofrecí mandarle un mensajito, y pasársela por mail. Me dijo que había perdido el celular, pero que ya nos íbamos a cruzar de nuevo. Su tren reanudaba la marcha.
Supongo que a los dos nos quedó la misma buena sensación, y de alguna forma, dentro de nuestras cabezas, los dos vimos la foto compartida.

Acá se puede leer sobre el encuentro anterior del saca-foto con Pablo.

vías - Plátanos

Poemas en la tele por #SonidoCriminal

Acá pueden ver el programa de #SonidoCriminal donde estuve leyendo algunos poemas, entre rocks presidiarios y una película nipona de reas, por la pantalla de www.fusortv.net.

Gracias a Lucio Greco, Ana Laura Montengro y Gala Cacchione por la invitación y la hospitalidad.

Cobertura mundialista de Ghana para Garrincha

Estuve cubriendo la breve participación de Ghana en Brasil 2014 para el Blog mundialista de Garrincha Club Editorial. Acá la presentación y la crónica de los tres partidos.

ghana festeja

1- Elegí Ghana
Nos dicen “estrellas negras”, por la que luce nuestra porrera insignia patria, y porque contamos con varios cracks. Participamos los dos útimos mundiales, y los dos pasamos de ronda. Por un penal contra Uruguay que pegó en el palo en el minuto noventa, y por los dos que erramos después, no entramos en las semifinales de Sudáfrica; y hubiéramos elevado la marca de nuestro continente, donde nos comemos los chicos crudos. Venimos a superarnos…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana/670/

Ghana 1 – EEUU 2
El himno de Ghana fue adoptado en 1957, cuando el país consiguió la Independencia, no sin antes transar con las potencias: el inglés como idioma oficial y seguir en el Commonwealth. A pesar de ser del siglo XX, suena como todos los himnos: a música clásica un poco milica. Nada que ver con ningún ritmo afro. Y para colmo está escrito en inglés bíblico: “Hail to thy name, O Ghana, / To thee we make our solemn vow:”.
La versión traducida de Wikipedia arranca así:
“Dios bendiga a nuestra patria Ghana
¿Y hacer que nuestra nación grande y fuerte,
La letra negrita y de defender para siempre
La causa de la libertad y de Derecho…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana-1-usa-2/876/ 

Ghana 2 – Alemania 2
Nuestro cronista en Avellaneda se colgó y no registró nuestro esfuerzo y buen juego para empatar con los alemanes. Estaba en otra: por el asado que se clavó en Gerli con hinchas del Rojo, y la embriaguez por el gol de Messi, y el pase a octavos de Argentina. Todo bien, pero se perdió un partidazo.
Antes del encuentro el Sr. Appiah nos reunió y nos dijo así: “Mis queridos negros, vinimos a Brasil a buscar gloria, a subir otro escalón como en los últimos mundiales, ¿cierto? Fallamos en el primer desafío. Pero aunque ya nos manden a comprar garotos, nuestras chances siguen intactas. Eso sí: la situación es delicada. Imaginensé que estamos los once, o mejor dicho los veintitrés, toda la delegación, arriba de un árbol, y abajo hay una manada de leones”.
Imagen extraña: 23 negros con ropa deportiva, el Sr. Appiah de traje adusto, los utileros, médicos, representantes, todos trepados a un cedro y abajo, leones. Nos puso a pensar…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana-2-alemania-2/997/

Ghana 1 – Portugal 2
Terminó el Mundial para nosotros. Ni tambores ni jamas, ni árboles, ni el miedo a los leones, ni correr con gracia y tocar de primera ni convertir bellos goles pudieron torcer nuestra endiablada suerte. Dos bloopers nos dejaron afuera: Boyé que la clavó en nuestro arco, y Dauda que le sirvió una bola en los pies a Cristiano (le decía “el mariconcito”, y bien que se quiso llevar su camiseta de recuerdo). Pero como decía el Sr. Appiah, mientras separaba a los que se trenzaron en el reparto de culpas y camisetas: “Los errores no son individuales; fallamos todos. Este desastre es colectivo. Somos veinticuatro negras decepciones. Los leones nos esperan en Accra. Y yo seguro perdí mi trabajo, pero les voy a poner el pecho a todos. Así que no quiero más piñas ni reproches ni puterío con la prensa…
Sigue acá: http://www.garrinchaclub.com.ar/blog/ghana-1-portugal-2/1109/

Mucha gracias a Hilario González por la invitación.

Poema para Biglia en “Himnos nacionales”

AñosLuz Editora invitó a 25 poetas a escribir poemas sobre los veintitrés convocado por Sabella para Brasil 2014 (y Tévez). Hice el de Lucas Biglia.

Acá pueden leer los 25 poemas:
http://www.aniosluz.com.ar/himnos.html

O acá se los pueden descargar en pdf:
http://aniosluz.com.ar/himnosnacionales.pdf

Pablo de Plátanos y la formación de palabras

El sábado a la mañana venía pedaleando bajo la lluvia por las callecitas de Plátanos, Berazategui, cuando una voz me grita: “Eh, saca-foto”.

No reconocí a la figura que se acercaba bajo el paraguas, con algo en brazos, pero me detuve. Seguro lo conocía del furgón. Me dijo de reparar bajo el techo de una parada. Era solamente para saludarme, para saber si seguía con la camarita.

La tenía encima. Así que sacamos una foto, bajo la llovizna sin paraguas, con la cachorrita que el flaco llevaba, dentro de un bolso, a lo de un pariente vecino. “¿Y cómo hacemos, si sale? ¿Se la dejás a alguien por acá? ¿O me mandás un mensaje? Yo te di mi número. Pablo de Plátanos”. Ahí me di cuenta.

Una vez venía embalado en bici camino a la estación de Bera, y cruzamos un par de miradas con un tipo parado en una esquina. Supongo que compartimos la sensación extraña que sentí. Me siguió en bondi y me alcanzó en el andén, para pedirme una foto flashera que le había sacado alguna vez. La encontramos y se la llevó. Era el Flaco Pablo.

Le había mandado un mensaje para el brindis de fin de año. ¿Te llegó?, le pregunté. “Sí, pero no pude ir”. Me pasó su número de nuevo. Nos dimos un abrazo, buen fin de semana, y seguimos nuestros caminos.

 

vías - Plátanos

 

Más allá de la emotiva anécdota que da contexto, quiero volver sobre el inicio del encuentro. Sobre el vocativo que me hizo parar en plena lluvia. ¡Eh, sacafoto! “Saca-foto”, una palabra que no figura en ningún diccionario, ni siquiera en el vocabulario que Pablo de Plátanos traía consigo, es una invención del momento. Simplemente se encontró con la necesidad de llamar al amigo fotógrafo… Y lo logró con poesía básica.

También, morfología generativa. Esa clase de palabras, “saca-foto”, un sustantivo compuesto, hecho de un verbo y su objeto, tiene una lunga tradición, que se actualiza en forma permanente. Algunas ocurrencias perduran largo tiempo. Hay más literales (lustrabotas, sacamuelas, abrelatas), otros más metafóricos (cazabobos, amansa-locos, atrapa-sueños), con chispas de humor o ingenio (mataburros, lamebotas, comehombres), varios con actitud peyorativa o de gaste.

Muchos refieren a cuestiones sexuales, como “traga-leche”, “ficha-bulto”, “come-travas”, o asuntos donde hay que disimular, como la falopa (arruina-guacho, corta-dedo), y varios provienen de la jerga tumbera -una gran usina de la lengua-, por citar: lava-táper, come-huevo, roba-vieja, sopla-bolsa… Y ahora mismo siguen surgiendo.

Todos tenemos en mente numerosos ejemplos y también, sobre todo, felizmente, la capacidad de seguir creando nuevas ocurrencias: sea para renombrar lo que re-conocemos, para nombrar lo que antes no había, o lo que todavía no hay.

 

 

Omar Shané y el hermano boliviano

Entré a un supermercado chino en una calle lateral de Quilmes Oeste, y cuando llegué a la heladera de lácteos, al fondo del local, sentí que en la carnicería, desde un equipito, sonaba una cumbia, y reconocí la voz emocionada de Omar Shané.
Recordé la figura de Shané en las tapas de sus casetes, con la hatata y el brin, paisajes exóticos, reyes magos, odaliscas… Se hacía llamar El Jeque (El Sheik, El Príncipe, El Magnífico). La música tenía raíz santafesina, con predominio de los punteos de guitarra. No era cumbia de fiesta, sino para escuchar en la casa o en el trabajo; cumbia con contenido social. Ya en los ’80 (todavía no cundían la cumbia villera ni los pibes chorros) escribía canciones sobre asuntos marginales: pobreza, abusos, abortos clandestinos, chicos ladrones, provincianos que caían presos.
El carnicero, un morochito de rulos de unos veintipico, emergió de la cámara frigorífica. ¿Este es Omar Shané?, le pregunté. “Sí, es acá de Quilmes, yo lo conozco”. Yo lo escuchaba hace veinte años, le conté. Tiene cumbias buenas pero bastante tristes. “Sí,” reconoció, “muchas te dan piel de gallina”. ¿Y sigue tocando?, me dio curiosidad. “Ahora se hizo pastor”.
Me acordé de un tema muy atípico sobre un hombre que anda por Villa Domínico, y se encuentra a un amigo boliviano mirando el río, triste porque a su país le quitaron la salida al mar. Deciden ahogar la sed de mar en un mar de vino de la costa; y el local aprovecha para apagar también su sed de Malvinas. Juntos sueñan con la unidad latinoamericana. Y el cantor argentino le convida el mar al hermano boliviano. Una maravilla.
Cuando salía del súper, en la vereda, al sol, contra las rejas azules, la chinita de la caja, sonriente, tenía en brazos, envuelta en un aguayo, a la bebé de la verdulera, y le daba la mamadera.

Gracias

Amigas y amigos, muchas gracias por los mensajes, los llamados, los abrazos, por el cariño, el aliento y la compañía en un momento bravo.
Quienes conocieron a mi vieja saben que se nos fue un gran personaje, una mujer intensa, generosa, frontal, muy metida en la vida y en voz alta; la mejor modista de su barrio; la vecina que cortaba la calle para que pongan semáforos; la que curaba el empacho, el mal de ojo, las quemaduras sólo porque sabía y por ayudar; la que cocinaba y compartía. Una madre pilla con un humor chispeante, que agradezco y me zafa en tantas.
La vamos a extrañar, ahora con un lagrimón, siempre con sonrisas. Y nos seguirá inspirando y dando ánimo: me bancó en todas, me alentó a involucrarme en lo que me importa, y hacer lo que deseo, lo que siento; eso es indeleble.
Los vivos no sabemos lo que pasa después de la muerte: cada cual hará sus conjeturas. Un poco triste pero tranquilo, yo me digo: Aguanten el paraíso de la memoria y las potencias de la imaginación.
Por suerte tuve tiempo de decirle: Hasta luego, ma. Te quiero mucho. Que sea un buen sueño, que sea un buen viaje.
Les voy a pedir, si nos cruzamos, que me den la libertad de hablar del tema si lo necesito; pero si no, mejor no pregunten.
Y un último favorcito: no pierdan oportunidad de expresar su amor.

corazón de milanesa