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“Últimas y primeras (impresiones)” de Pablo Ziccarello

Curaduría de la muestra de fotos, pinturas y video de Pablo Ziccarello en Espacio Pla, del 10 de marzo al 29 de abril.

Dilusiones ópticas

Habría que generar un término, porque eso es lo que Ziccarello hace con imágenes, morfología generativa: a partir de formas dadas, hibrida y trae en existencia combinaciones inusitadas. Por ejemplo, “dilusionista”, una persona que por medio de un acto o pensamiento diluye la ilusión del acto o pensamiento, en aproximación constante al límite de la desilusión, como una asíntota, y borroneando la línea en lugar de cruzarla.

Como un niño demiurgo, Pablo mira un cielo donde las luces que titilan aún no tienen nombre, y se inventa juegos para llegar a resultados distintos a partir de las mismas reglas (materiales desafiantes, no forzar las formas, apartarse a tiempo cuando surge la belleza). Repetir y variar, variar y repetir, sirven también como estrategia de supervivencia: un método para olvidarse de sí en un puro presente lúdico. Las obras parten de una fuerte inspiración biográfica y se despersonalizan a niveles siderales.

La muestra conforma una síntesis retrospectiva donde las últimas y las primeras preguntas se hacen eco. Una cronología extrema, a modo de aporía.

Optimum non nasci (1997) es fotografía y también dibujo. El sujeto de la imagen es y no es un cráneo; es y no una luna. Una declaración escéptica de principios, y un uso irónico, polisémico, de la analogía.

Cuaderno Rojo (2017) es pintura, libro y video. Existe un cuaderno lleno
de seducción abstracta y con las vueltas espiraladas del tiempo: una puesta en abismo, en cada página se registra un juego improvisado en el que hay que inventar reglas de juego. Del deseo circular e insatisfecho surge un goce gestual, imágenes tocadas y toda la superficie como zona erógena. Se rehúsa llenar un vacío y en cambio se orbitan sus bordes. Luego las hojas se ponen en movimiento perpetuo y vacilante: del mantra al loop, los círculos y líneas de tiza pastel se convierten en los ceros y unos de un vídeo donde las páginas pasan incesantes, febriles: del placer táctil del papel al de la pantalla, un universo cerrado que muta cíclicamente.

Polvo (2016) es donde se esparcen partículas de tiza sobre una superficie negra y se las fija en composiciones que remiten a objetos astronómicos. Luego, de lo dactilar a lo digital, se añade el ruido de los píxeles, como un tamiz que agrega materia/sentido en lugar de sustraer. Finalmente, al imprimirse, los dibujos/pinturas se transforman en fotografías. Un humilde aporte de galaxias por venir, recuperando la tradición mítica de crear astros como ofrendas para amantes mortales, o quásares, púlsares, nebulosas que flotan en algún rincón ignoto del universo.

Entre la última y la primera obra hay veinte años (luz) de distancia, en el transcurso del tiempo se notan las constantes del método “dilusionista”, como un deseo imposible de cumplir o abandonar: la obra es y no es lo que parece.

Alix de La Barrière, Fernando Aíta
Marzo 2017

“Las niñas del ojo” – fotos de Alix y Azélia de La Barrière

Curaduría de la muestra de fotos móviles de Alix Instagram y Azélia de La Barrière Instagram, en el Club Cultural Nivangio, del 21 de febrero al 7 de marzo.

En 2000 una joven madre deja Francia, su pasado; llega a una Argentina, devastada y promisoria, en busca de libertad. En 2017 la hija parte de nuestra querida Buenos Aires y regresa a su tierra natal para seguir su formación en la “ciudad luz”. Espejos rebeldes: simetrías, diferencias, ironías. Celebramos la búsqueda de nuevos horizontes.

Cuando miramos a los ojos vemos en el centro nuestro reflejo diminuto. “Niña del ojo”, sinónimo de pupila, nombra a alguien o algo muy querido.

Esta exposición es un ritual de despedida. En un juego de correspondencias, madre e hija intercambian fotos, las entremezclan, haciendo difusa la autoría y poniendo el foco en el diálogo entre imágenes. En una colaboración sin jerarquías, cada una aporta su forma de ver las cosas −Alix con la experiencia y perspectiva de años de práctica; Azélia con la soltura de una generación llamada post-fotográfica (iPhone e Instagram)− y nos participan de una conversación íntima, afectuosa.

Las niñas regulan la luz que entra al ojo: cuando la pupila se expande, el iris se reduce. Los iris de cada persona son únicos, como las huellas dactilares, marcas de identidad, donde se encuentran lo heredado y lo particular.

Las dos usan los mismos instrumentos −teléfonos celulares− y comparten sensibilidades cultivadas en la atención a los detalles, el gusto por las formas sutiles, juegos cromáticos, visiones sugerentes, delicadezas. Cada una posa su mirada sobre plantas, arquitecturas, reflejos, flores, vistas de entrecasa, instantáneas de la vida en común.

Las coincidencias son notables; las singularidades, visibles. Sin perder de vista que en sucesivas elecciones de qué, decisiones de cómo, en charlas simultáneas de motivos, formas y colores, las fotos de una y de otra van hilando momentos, espacios, personajes, experiencias de los días juntas.

FA, Febrero de 2017

Para ver más es sus Instagrams:
Instagram Azélia de La Barrière
Instagram Alix de La Barrière