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Agenda furgonera

Furgón flashero en La Dársena hasta el 17-7

Furgón flashero sigue hasta el 17 de julio. 

Pueden pasar por La Dársena (Mario Bravo 298, Almagro) los martes y viernes de 17 a 20 hs..

Y acá va la agenda de actividades para las próximas semanas:
AGENDA:

VIERNES 3 DE JULIO, 19:00 HS.:
“Fotografía furgonera” / Charlas y proyecciones, con Matías Barutta (autor de Todos al furgón -Ed. Sudestada)Mariano Dalaison (de Imagen estenopeica, con una serie de fotos del Ferrocarril San Martín) y Fernando Aíta.

 

MARTES 7 DE JULIO, 19 HS.:
“Electrificación y comunidad furgonera” Charla y proyecciones, con Ruben Silvermann (amante de los trenes y estudioso de asuntos ferroviarios).
“Música ferroviaria” / En vivo con Sato Valiente, Paloma Schachman y Daniel Liñares.

 

VIERNES 17 DE JULIO, 19 HS.:
Cierre / Brindis, música y charlas.
También pueden conseguir el desplegable que hicimos con Hernán Cardinale (Ediciones mónadanómada/unproblema+).
Y también les comparto una reseña de la muestra (y un video) que hizo la revista Efecto Kuleshovhttp://www.efectokuleshov.com.ar/comunidad-furgonera/

“Furgón flashero” forma parte del ciclo “Profundo” de La Darsena Platform, idea y coordinación de Azul Blaseotto y Eduardo Molinari.

Muy contento de compartir este viaje.
Ojalá nos veamos por ahí.

Datos del evento en FB: www.facebook.com/events/1588557564731379/

“Furgón flashero”, inauguración

Furgón flashero puede visitarse los días martes y viernes de 17 a 20hs.

Acá van algunas fotos de la apertura.

montaje Furgón flashero

Lalo en Furgón flashero

Gus en Furgón flashero

Gabi en Furgón flashero

Francisca en Furgón flashero

Saca-foto y hermano en Furgón flashero

Fotos de Azélia Loaiza de La Barrière (Instagram: @achuloaiza)

"Furgón flashero" en La Dársena

"Furgón flashero" en La Dársena

"Furgón flashero" en La Dársena

"Furgón flashero" en La Dársena

"Furgón flashero" en La Dársena

furgon flashero en la dársena 14

Fotos de Gonzalo Aíta

Furgón flashero en La Dársena

Furgón flashero en La Dársena hasta el 17-7

Tengo el gusto de invitarlas/os a la inauguración de la muestra “Furgón flashero” – fotos estenopeicas y escritos, el viernes 19 de junio a las 19 hs. en La Dársena, Mario Bravo 298, Almagro, CABA.

Las fotos y los textos de “Furgón flashero” surgen de ir a trabajar en bici, de ida por las mañanas y de vuelta al mediodía, en los trenes diésel de la línea Roca, ramales a La Plata y Bosques, llevando una cámara estenopeica hecha con una cajita de fósforos…

La muestra estará abierta hasta el viernes 17 de julio, y a lo largo del mes se ofrecerán proyecciones, charlas con invitados de la “Comunidad furgonera”, y música ferroviaria en vivo por Sato Valiente. Además, se presentará una pieza gráfica realizada junto con Hernán Cardinale.

“Furgón flashero” forma parte del ciclo “Profundo” de La Darsena Platform, idea y coordinación de Azul Blaseotto y Eduardo Molinari.

COLABORAN:
Edición: Francisca López.
Montaje: Alix de La Barrière.

GRACIAS:
Alejandro Güerri, Daniel Liñares, Gonzalo Aíta, Rubén Silvermann, Gustavo Lowry, y a la comunidad furgonera.

Más información: acá

Y el evento en Facebook: facebook.com/events/1691214887774606/

 

Ediciones independientes vol. 7

Ediciones independientes vol 7

Tuve el gusto de participar en esta muestra junto a colegas con proyectos en distintos lenguajes, formatos, soportes: música, dibujos, fotos, proyecciones, esculturas, y otras/os.

Me saqué las ganas de leer “Presteza”, un cuento que se encuentra cliqueando acá. Muchísimas gracias por el silencio atento a todas las personas que escucharon la lectura, y a mis colegas, organizadoras, anfitrión/as. Una gran noche.

 

Se vienen Los días lindos

los días lindos 26-9

Viernes 26/9 22hs.
En La Nueva Vecindad.

Constructora Sin Futuro S.A.

Especulemos: se mira lo que hay | y se entrevé lo que podría.
De ahí las proyecciones, los papeles | que cubren y transparentan, | planos sobre planos, | señales de advertencia, | gestos y sonidos que remarcan lo fugaz | y se disolverán en la memoria.
Las paredes revestidas, | los techos donde se reflejaron luces y sueños, | el suelo que soportaba nuestro peso | la construcción que nos alberga | ya se derruye. | Todo lo sólido… vigas y columnas se desmoronan, | y una confusa emoción desborda los desagües. | Lo pasado (migrantes que levantan | pieza tras pieza, escalón por escalón) | se habría convertido en cimientos | de un porvenir ajeno y próximo. Virtuales bauleras. | Se acercaría una nube de polvo que nos tapó, | mientras realizamos una visita guionada | por las ruinas del presente.
Materiales frágiles, construcciones efímeras. | Artefactos para rescatar en la demolición, | pilas de cascotes, y hallazgos: | evidencias de belleza, de verdad. | No nos guiaríamos por las apariencias: | caminamos entre escombros.
Del taller a la calle, del local a la cocina, | de paso por este edificio de inquilinos | como los que consumen la vianda en el andamio, | o los que levantan en pala. | Cintas de precaución y cascos amarillos, | contemplarán seguros el espectáculo del colapso. | Una silueta se asoma al balcón. Noveno. | Sonrisas a los desconocidos que compartirían el ascensor. | Para acceder a la terraza, | consultar en administración.
Nos reunimos entre patio y palier, | y sobre nuestro consorcio transitorio | se alzan estudios de arquitectura y aritmética: | x metros cúbicos, x unidades. | Chau, cielo; hola, vecinos.
Volviendo a nuestro terreno | baldío, el presente: Disfrutar | el SUM. Un espacio festivo: | brindis con pirámide de copas, | que la abundancia se derramaría | casi hasta la base; | y baile: los cuerpos de la obra, | una córeo precaria, | un castillo de cartas, | una torre de juego. | Feliz derrumbe. | No hay futuro: no el fin del tiempo, más bien | que nada nos espera. Ni esperaremos nada. | Hacemos todo lo que podamos ya.

FA

constructora sin futuro s.a.

Demolición

Ataulfo Perez Aznar - Loma

Una exposición de tres fotógrafos argentinos: Alberto Goldenstein, Marcos López, Ataúlfo Pérez Aznar. Cuatro con el curador, Guillermo Ueno, que realizó la selección y el montaje en base a ideas como:

Reunir los archivos de tres referentes, correr los egos, sus “marcas registradas”, barajar fotos y repartir de nuevo, a ver si de esos juegos surge algo más amplio que el estilo personal, ¿un lenguaje fotográfico de acá? ¿Un idioma (fotográfico) de los argentinos?

Ueno ve la posibilidad de tratar a las imágenes como kanjis (ideogramas chinos adoptados por Japón: siempre traducción), signos-conceptos ambiguos que se articulan en sintagmas polisémicos, como en poemas, como jaikus o tankas. De sus combinaciones resultaría una suerte de gramática.

Citando al polaco Gombrowicz, “ciudadano de segunda”, un periférico, para colmo desplazado, reivindica la inmadurez, la inconsistencia de la tradición, y la libertad para hacer cualquier cosa, para construir algo inédito, para desviarse, derivar, pirar.

Cobran protagonismo los procesos de trabajo. La constancia. Los azares. La insistencia. Los descubrimientos. Están a la vista las pruebas de contacto con las marcas de las elecciones, preferencias, pifies, copias malas, ¿descartes? Las fotos detrás de las fotos. El taller se abre.

Marcos Lopez

Al entrar y panear el gran galpón blanco: hay fotografías distribuidas en las paredes, ampliaciones de los tres, mezcladas, color, blanco y negro, en distintos tamaños, con distintos marcos, distintos agrupamientos. Dípticos, tríos, septetos… Debajo, hacia el perímetro, vitrinas (mesas vidriadas) con fotos surtidas, contactos, pequeños montajes, miniaturas… Y en el centro tres mesas, una por autor, con cajas repletas de “material” para revolver con guantes y estudiar con lupas.

Empiezo por las paredes. Reconozco alguna que otra imagen. Me voy cruzando con las vitrinas. No vi en profundidad la obra de ninguno. Hojié libros de Marcos López, algunas fotos en muestras colectivas, sus imágenes circulando en Internet. De Goldenstein, ídem; menos aún. De Pérez Aznar, muy poco, el más incógnito. Veo que circulan unos “mapas” (o machetes) que indican a quién pertenece cada foto, ¿una especie de analgésico para la incomodidad de no saber quién hizo qué?

No es M.L. el del Supermán de la loma con curiosos. Ni sacó A.P.A. esa vibrante Madre de la Plaza. El Lobo Marino sí es de A.G. Pero eso hay de todos.

Me acuerdo de los Blindfold Test, audiciones de música a ciegas, de Leonard Feather para la revista Metronome: le pedía a un músico que escuchara un tema (sin saber el intérprete) y diera sus impresiones; después, sabiendo, volvían a escuchar. Dato colorido: la “Chica Pepsi” en el catálogo se le adjudica a Marcos López pero en el “mapita” a Goldenstein.

Me parece preferible disfrutar los beneficios de la ignorancia. Imposibilitado y eximido de atribuir a cada foto su autor, me confronto con las imágenes, con sus combinaciones. Trato de ver qué me dice cada fotografía, y qué se arma entre unas y otras. Dar con pistas de esa gramática sugerida y elusiva. Encontrar formas de ¿lo argentino?

Me siento como un estudiante inicial, saliendo de un aeropuerto a un país que habla su nueva segunda lengua. Reconocer ciertos signos, darse cuenta de ritmos, tonadas, y de todas las referencias que se escapan. No es una simple y ordenada retrospectiva de tres grosos, una antología de grandes éxitos, ni de lados B. Tampoco es una historia ni cronología de la fotografía argentina contemporánea. Pero las biografías y las obras están atravesadas por la vida social, y los trabajos de estos tipos abarcan desde los 70s al presente. ¿Una generación? Más de tres décadas de laburo, de cámara y laboratorio, de bocetos, de producción, de muestras y publicaciones.

En las imágenes aparecen los signos de los tiempos que corren, testimonios de un cambio de siglo: cambian las películas, las pilchas, los pelos, los coches, los packaging de la cultura. Y la atmósfera, densa de la dictadura, el destape a la vuelta de la democracia, cultura rock, carnavales travesti, relojes digitales, los modernos y bifaciales 90s, viajes al exterior, cóvers, la antropofagia de íconos y marcas importados…

Percibo lo argentino en lo fotografiado, en los rasgos, los paisajes, los objetos propios de nuestra cotidianeidad, y en cosas que se nos cuelan, suvenires traídos por turistas, viajeros, migrantes… Mar del Plata x 3, las reposeras, los pañuelos en la cabeza, ojotas, la mersada y la paquetería, parar en la peatonal, buzos remangados, los logos del Pancho 95, el morochaje y los gestos de refinamiento, los objetos sobre una mesa de luz, un Falcon en la puerta del Metro, y un Chevy con chapa de Massachussets, cortinas plateadas y unas tumbadoras en un cabaret, la revista que cubre el rostro del burrero, pesos ley, reinas provinciales, changos del súper, del norte, chinas, gauchos, gaúchos, guachitos, pastizales, yuyerío, costaneras, baldíos futboleros, pampa, edificios, monumentos, una vaca y la calavera con piedras preciosas, cráneos, velorios, cementerios, fotos de galerías, desnudos de museo, fotos de fotos… Cientos de fotos. Muchas más de las que se podrían ver si se les diera el tiempo que requieren. Y en suma, un territorio vasto, de límites porosos, con fronterizos y migrantes, llegados por agua, por tierra, por aire, fugados… Más allá de la ficción de las aduanas, ¿hasta dónde alcanza, dónde empieza a terminar? Yungas, Brasil, Cuba, la Estatua de la Libertad en Buenos Aires, adobes y avenidas… Un sobre de papel madera con fotos de Goldenstein dice en fibrón: “Norte, Zurich, Mar del Plata”. ¿Será que hay algo argentino, no (sólo) en lo fotografiado, sino en la mirada? ¿Una visión argentina?

Steve, de Alberto Goldenstein

Se me vienen algunas reflexiones, pero antes hago uso de mi derecho a mandar fruta, a decir lo aparecido sin justificar: más allá de la enumeración infinita de elementos visibles, algunas imágenes cautivan por su aura de nostalgia, ironía, calidez… ¿la temperatura afectiva de la luz? Una sensualidad que siento cercana, como esas primeras tetas birladas de una película en Función privada. Un modo de la elegancia, que se da como disposición a lucir tal cual se es, más que como sobriedad. Cierta picardía criolla, en los ojos del retrato y en la mirada del retratista, de la picaresca de Olmedo hasta el delirio alla Cha Cha Cha. El afán de exagerar. La saturación de la clase media, en Mardel (o en Liniers), entre los familiones de vacaciones y la aristocracia local, la admiración por lo inaccesible y el riesgo de lo tan cercano, esa oscilación entre el centro afuera y la periferia interior… Impresiones fugaces… Y ahora sí, algunas ideas:

Bajar del pedestal. La deconstrucción de los estilos personales da lugar a sorpresas. Al seguir, por ejemplo, el despliegue de la forma humana, los retratos, francos frente a la cámara, entrevistos, capturados del vértigo, distintos desnudos, desnudeces, de la intimidad a la exhibición, de la carne a la escultura, maniquíes de taller y de vidriera, autorretratos y sombras de fotógrafos, siluetas, caretas, disfraces, trajes, prótesis, estatuas que dialogan con el paisaje y con la historia, estampitas que dialogan entre sí… Si bien la mezcla de fotos sin nombre puede reposar sobre el reflejo de la identificación, sobre la presunción y su probable error, lo que se evidencia son búsquedas cercanas, simultáneas, compartidas, coincidencias en tres fotógrafos con características propias que no tienden a asociarse… Los juegos que se arman en las paredes y las vitrinas proponen conexiones novedosas entre imágenes, y momentos, y temáticas.

Hay un premio a la paciencia, a la observación atenta y libre de ansiedad. Al revolver las cajas de los autores en las mesas centrales, reaparecen muchas de las fotos que vimos entremezcladas sin atribución, y se revela quién las tomó. Vemos “la misma foto” en dos versiones, tres, cuatro…. Tiras de pruebas marcadas con una cruz, con un punto, con un sí, un no… Planchas recortadas, que ostentan el vacío de la elegida. Contactos y ampliaciones, copias defectuosas, pruebas que se lucen en otro punto de la instalación, y que en algún punto podrían intercambiar lugares; muchas con “errores”; muchísimas “perfectas”. Más de las que uno podría ver en una o dos visitas, si se detuviera el tiempo que cada una requiere. De eso se trata, ¿no? De la atención, y el tiempo que transcurre en cada imagen, las relaciones que se tienden…

Es notable cómo cambia la misma imagen dentro de las series meditadas de paredes y vitrinas, donde cada foto tiene su por qué, su porque sí; y dentro de las series más aleatorias de las cajas, donde, trastocadas, toqueteadas por las visitas, las fotos “elegidas” se aprecian en relación con sus compañeras “desestimadas”, que les dan relieve, y con búsquedas paralelas, con otros agrupamientos.

Por un lado, se refuerza la significación de esas combinaciones “gramaticales” de la selección y el montaje: esos sintagmas multidireccionales que forman dos, tres, cinco fotos presentadas en conjunto; y todas las posibles sustituciones paradigmáticas. Cada imagen, que significa múltiplemente, participa de secuencias, se ve afectada por las próximas, las que le siguen y la anteceden -no en una sucesión lineal como en la escritura sino en el recorrido que arma la mirada, como cuando, tras el golpe de vista, se van descifrando los números de los dados que arrojó el cubilete-, y cada imagen pertenece a más series de imágenes, varias de las cuales podrían sustituirla en la secuencia. Muchas fotos de las cajas podrían ocupar un lugar más “destacado”, reemplazar a las más visibles.

Revolver las cajas con pruebas, meterse en esa intimidad de los procesos, devuelve a estos tres grandes al lugar de exploradores, de laburantes, de buscas… Y lo mismo corre para el curador y la muestra. Ueno equipara a estos tres capos, y a sí mismo, con otros fotógrafos, con cualquiera, con cualquier observador sensible, cazador de epifanías, perseguidor de formas… Las fotos, así manipuladas, regresan al terreno de la práctica, al territorio de lo perfectible, de lo debatible, lo decidible, del criterio y el gusto, del capricho.

Otro ejemplo para ilustrar una idea que se desprende: en una de las vitrinas hay un paquetito de copias mini, una pila (una bocha) de fotos, sostenidas por una banda elástica. Vemos la cara superior, una que se asoma, tres desplegadas en la base. Y queda en evidencia que sólo vemos la punta del iceberg, que detrás de cada imagen hay tantas otras, registradas y no, acaso con defectos técnicos, hallazgos emotivos.

Podemos pensar que cada fotografía es una caja, que contiene montones de fotos, que cada impresión sobre la superficie sensible tiene, además de la profundidad de la imagen, el volumen de los intentos que dan densidad a los aciertos. Y la muestra cobra algo de puesta en abismo.

Fernando Aíta
Fotos: Ataúlfo Pérez Aznar, Marcos López, Alberto Goldenstein.
Más sobre la muestra en Tosto.
Y en REV.